Aprender a Debatir

El control del miedo escénico

El miedo1 a hablar en público constituye un problema para muchas personas con independencia de su nivel social o profesional, siendo este uno de los asuntos que más preocupa a debatientes y oradores: los nervios y sus consecuencias. ¿Cuánta gente va a asistir? ¿Quiénes forman el jurado? ¿Qué conocimiento tiene del tema el jurado y el público? ¿Qué argumentos habrá preparado el equipo contrario? ¿Serán sólidos mis argumentos? ¿Me quedaré en blanco? ¿Cumpliré las exigencias de aquellos que escuchan mi intervención? ¡Demasiadas dudas, demasiada incertidumbre!

Todas estas incertidumbres provocan una serie de síntomas, que son, entre otros, temblor de piernas y manos, garganta y boca seca, exceso de sudoración, arritmia respiratoria, aumento del ritmo cardiaco, tartamudeo, voz temblorosa, molestias gastrointestinales y, de forma muy acusada, pérdida de concentración, que puede desembocar en lo peor que puede pasarle a un orador o debatiente, que es, quedarse en blanco, olvidar del todo o parcialmente la información de la que dispone para llevar a cabo su argumentación. Por lo tanto es importante conocer las causas que en cada individuo provocan este estado nervioso para intentar prevenirlas, controlarlas y de esta forma aumentar en tranquilidad.

Fotografía de una cara de una chica poniéndose las manos en la boca en una mueca de miedo

Existen dos causas fundamentales que inciden en que se acreciente el miedo en un orador o debatiente: la ignorancia y la inseguridad. La ignorancia se combate con una preparación adecuada, documentándose en profundidad sobre el tema a debatir. La inseguridad hay que afrontarla mediante técnicas de autocontrol que ayuden a mejorar la concentración en uno mismo.

Por otro lado, un pequeño temor, controlado, ante la situación de enfrentarse a un público, pone en alerta los reflejos, siendo incluso saludable ya que  ayuda a evitar  una excesiva relajación. Es nuestro estímulo natural. Una vez asumido que ese nerviosismo inicial es inevitable, lo que hay que evitar es que resulte exagerado, manteniéndose a lo largo de toda la intervención y provocando un bloqueo en el orador.

Consejos para controlar el miedo escénico antes del debate

  • Reducir al mínimo la incertidumbre: a) Relativa al público: debemos conocer a nuestro auditorio lo mejor posible para intentar saber con exactitud lo que pide y  poder adecuar nuestro lenguaje verbal y no verbal a la circunstancia; b) El lugar: familiarizarse previamente con la sala en la que se celebrará el debate también proporciona cierta tranquilidad ya que tendremos oportunidad de obtener datos acerca del aforo, la situación y posición que en el estrado vamos a ocupar, la distancia que tendremos hasta el público, etc. c) Control de los medios audiovisuales (cañón, DVD) o auxiliares ( gráficos, esquemas, imágenes).

Foto de un chico siendo entrevistado por numerosos reporteros, de pie, con grabadoras de voz

  • Preparación: hay que dedicar tiempo a la preparación del debate. El tiempo de preparación va a depender de factores como la experiencia y habilidad del debatiente, así como, del conocimiento que tenga sobre el tema a debatir. Una buena preparación contribuirá al aumento de la confianza en sí mismo.
  • Entrenamiento y práctica: es evidente que a mayor número de intervenciones en público mayor será el hábito adquirido, permitiendo la experiencia, ser realistas en cuanto a las posibilidades y limitaciones personales. Se recomienda para debatientes poco experimentados, la práctica de su presentación delante de familiares, amigos… que podrán descubrir pequeños fallos o dar orientaciones acerca de cómo mejorar el discurso para hacerlo más atractivo. Otra medida efectiva puede ser la grabación de la exposición en vídeo y posterior análisis de los distintos elementos. Queda claro que mediante el ensayo se reduce de forma drástica el margen de error en cualquier presentación pública.
  • Análisis racional del miedo: analizar realmente a qué tenemos miedo; tenemos miedo a quedarnos en blanco, a las críticas, al fracaso, a no poder articular palabra, a gesticular en exceso, etc. Por lo general el orador piensa que las reacciones físicas que experimenta son captadas por el público que lo está escuchando. Cree que perciben su temblor de piernas, sus palpitaciones, la sequedad de garganta, etc. Sin embargo, estos detalles, suelen pasar desapercibidos. En el hipotético caso de que fuesen muy evidentes, el público los suele aceptar como algo natural, propio de la situación a la que se está enfrentando el orador, al que, en la mayoría de casos, admira por el simple hecho de ser capaz de enfrentarse a un auditorio.

Consejos para controlar el miedo escénico en el momento del debate

  • Relajación: (cuando queden algunos minutos para el comienzo del debate) es aconsejable seguir técnicas de relajación antes de un debate para ganar en seguridad y confianza. Presentamos una serie de ejercicios útiles enfocados a la relajación previa al debate: haz click aquí.

Imagen donde puede verse a una persona descansando sobre una hamaca

  • Control y relajación mental: a) Sustituir ideas: detrás de cada emoción negativa (nervios, malestar, inseguridad) hay una idea negativa (no puedo, se van a reír de mí, mi aspecto es horrible) y que, por tanto, si cambiamos la idea cambia la emoción. Hay que sustituir las ideas que producen desasosiego o intimidan por otras que generen sensaciones gratificantes; b) Pensamiento positivo: al igual que la ansiedad es contagiosa, una emoción positiva también lo es. Muchos autores sostienen que adoptar una actitud positiva continua ayuda a controlar el estrés.
  • Inicio y conclusión de la intervención: Llevar preparado de forma exhaustiva el comienzo ayuda a vencer los nervios en los momentos iniciales, estableciendo así una línea de sosiego que podrá continuarse a lo largo del debate. Hay que procurar acercarse tranquilo y relajado al auditorio, mostrarse concentrado. No se debe comenzar a hablar hasta que tanto el jurado como el público de la sala está en silencio y expectante, evitando así interferencias en la concentración. Para eso se debe guardar un silencio inicial de varios segundos que, además, nos va a permitir respirar hondo, relajarnos y establecer contacto visual con todo el auditorio. Del mismo modo, una conclusión reposada, bien sintetizada y ordenada dejará en el público y jurado  sensación de firmeza, seguridad y control.

Foto de un diputado hablando desde su escaño con vehemencia

  • Esquema mental claro: en un debate el objetivo fundamental es convencer a través de argumentos que avalen la tesis defendida, por lo tanto, nunca se debe perder de vista el objetivo que se persigue, es decir, hay que huir de cuestiones como: desviarse del tema, decirlo todo de golpe o reiterar un mismo argumento una y otra vez, ya que,  denotará un empobrecimiento de recursos y hará que progresivamente vaya aumentando el estado nervioso al verse incapaz de reconducir o clarificar el tema en cuestión.

A continuación puede verse un video del programa "Para todos la 2" donde se debate acerca del miedo escénico.

 


1. Reproducimos aquí buena parte del capítulo homónimo de nuestro libro “Enseñar a debatir”, Grupo Gorgias, Ed. Editum, p. 210 y ss.

Grupo Gorgias -2016-

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